
Tomamos como testimonio la carta más antigua el registrada por Plinio el joven a su amigo Lucio Licinio Sura. Plinio el joven era un abogado, escritor y científico romano que nació en Italia en el año 61 d.C.
Plinio escribió una carta a su amigo Lucio que era un cónsul amigo personal del emperador Trajano. Y en esa carta le cuenta una serie de sucesos extraños que ocurrieron en una mansión de Atenas que parecía estar encantada por un fantasma. Los diferentes inquilinos que había tenido huían contando la misma historia: ruido de cadenas por la noche, seguida de la aparición de una figura fantasmal que los aterrorizaba y los hacía abandonar la vivienda al día siguiente. Esto hacía casi imposible que alguien quisiera alquilarla. No fue algo que vivió Plinio en primera persona, sino que es un testimonio que le contó alguien de su confianza.
El filósofo Atenodoro llegó a Atenas para pasar una temporada, y al ver el precio tan bajo que tenía aquella mansión se interesó por ella. Mucho más aún cuando le contaron la historia del fantasma, así que decidió quedarse a vivir en ella para investigar el hecho. Atenodoro se preparó bien para esa primera noche. Ordenó a sus sirvientes que colocaran la cama en la parte delantera de la casa, y que le dejaran allí sólo junto a una lámpara, unas tablillas y algo para escribir. Quería permanecer despierto toda la noche, atento a todo lo que pudiera ocurrir.
Después de unos minutos oyó un ruido de cadenas, y luego se encontró frente a un fantasma. Un hombre anciano, demacrado, con barba larga, grilletes en manos y pies y arrastrando unas cadenas. El fantasma le hizo insistentemente una señal para que le siguiera y Atenodoro, armado de valor y una lámpara, siguió al espectro hasta un punto del patio de la casa donde el espectro se paró de golpe y desapareció. El filósofo, con la sangre fría que mantuvo todo el encuentro, marcó el lugar exacto donde desapareció el fantasma.

Al día siguiente, mandó llamar a las autoridades y, tras explicarles lo sucedido, decidieron cavar en el lugar donde había desaparecido el fantasma. Allí encontraron los restos ya muy descompuestos de un hombre con grilletes y cadenas. Se llevaron los huesos de allí, le dieron sepultura de forma debida según los ritos romanos y, desde aquel momento, el fantasma no volvió a aparecerse nunca más.